Feliz Navidad

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“La Navidad, misterio de alegría. Alegría, incluso estando lejos de casa, la pobreza del pesebre, la indiferencia del pueblo, la hostilidad del poder. Misterio de alegría a pesar de todo. De este mismo gozo participa la Iglesia, inundada hoy por la luz del Hijo de Dios: las tinieblas jamás podrán apagarla”

Juan Pablo II

Desde Papelitos.net os deseamos una feliz Navidad y que el Niño Jesús nos traiga un montón de cosas buenas en este 2008.

Edenia

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En una mañana fría de otoño Edenia volaba con las hojas arrastradas por el viento. Estaba vestida de suaves brisas que le hacían sentir una dulce sensación en su piel rosada. Jugó con las hojas en el aire. Voló hasta las nubes y quedó dormida hasta el siguiente amanecer. Mientras tanto, una corriente de aire le arrastró hasta la ciudad. Amanecía en la Gran Ciudad y Edenia despertó sobre las ramas de un viejo árbol de un parque. Voló por toda la ciudad, siempre sorprendida por las cosas que allí ocurrían. Le gustaba observar a los hombres. Hombres altos, hombres delgados, ocupados, alegres, jóvenes… Había un hombre que le gustó especialmente, tenía la mirada soñadora, aunque melancólica. Y decidió seguirle. El hombre entró en el parque donde ella se había despertado; y se sentó al lado de aquel árbol viejo. Fue entonces cuando Edenia decidió crecer. Aquel hombre era un Poeta, pero vivía de otros trabajos; trabajos para alimentar el cuerpo; y poesías para alimentar la mente y el espíritu. Cuando tenía tiempo caminaba por las calles de la Gran Ciudad, escuchaba cada sonido, miraba cada esquina, observaba a las personas. Esta vez no prestaba atención. No profundizaremos en sus pequeños problemas. Basta decir que aquella caminata matutina no le llenaba como otras veces.

El Poeta se quedó pensando en sus pequeñas cosas, mirando al árbol viejo que tenía enfrente. De repente, alguien pasó por delante suya - era Edenia vestida de mujer. Nunca había visto un rostro tan perfecto; tenía ojos claros (de un color confuso), pelo oscuro, piel blanca, una sonrisa perfecta, pómulos con un leve tono rosa, labios rojos, mirada profunda… Vestía elegantemente; un abrigo oscuro, jersey rojo otoño y pantalones. Aquella ropa tan bien puesta hacía pensar en un cuerpo perfecto, como el de una Venus pintada o esculpida. Edenia pasó de largo en pocos segundos, y antes de quedar oculta le devolvió la mirada. Y desapareció. Aquella noche, el Poeta escribió:

“Quisiera estar soñando todo el día,
Y volver a ver visiones.
Quisiera estar dormido y ver tu cara,
Y despertar en el momento preciso.
Prefiero estar soñando todo el día
A verte en un segundo,
Y perderte para siempre”

Pasó la noche y llegó la mañana en la Gran Ciudad. El Poeta despertó con mejor cara. Algunos de sus pequeños problemas desaparecieron de su mente. Dejemos pasar las horas, no queriendo entrometernos en sus quehaceres diarios, hasta encontrar a nuestro hombre en una pequeña cafetería. Pidió su segundo café del día, o quizás era el tercero… No importa. Quedó sentado en frente de la taza, oliendo su agradable aroma. En ese momento, sintió que otro aroma se mezclaba en el ambiente: un agradable aroma de mujer. Era Edenia, sentada al lado suyo; pidió un zumo de naranja; observó cada rincón de la cafetería, sonriendo, como una niña en una tienda de juguetes. Miró al Poeta y le sonrió. Él, que no dejaba de mirarla, se sonrojó y agachó la cabeza, como un niño avergonzado. “¿Escribes poesía?”, una voz suave le preguntó. Él volvió a mirarla y dijo: “Sí”. “Me llamo Edenia”, dijo ella, “y quiero que me hagas una poesía”. El Poeta quedó confuso y no supo qué responder. “Ven”, dijo ella. Dejaron sus bebidas y salieron a la calle.

Mientras andaban él preguntó: “¿Quién eres? ¿De qué me conoces?”. “Yo soy Edenia, la Imaginada”, contestó ella, “no tengo cuerpo, pero sí espíritu”. “Si no tienes cuerpo, ¿qué es lo que veo ahora?”. “Un cuerpo imaginado”. “¿Por quién?”. “Por ti, por aquel hombre, por este otro…”, dijo Edenia mientras señalaba a varias personas de la calle. “Yo elijo la forma y vosotros me imagináis así”, dijo ella mientras se agarraba a la mano del Poeta. “Si sólo es imaginado, ¿cómo puedo tocarte y tener bellas sensaciones?”. “Las sensaciones son imaginadas”. “¿Cómo el viento sopla sobre tu cabello y lo mueve?”. “Todo lo imaginas”. “¿Involuntariamente?”. “No con tu voluntad, sino con la mía”. “¿Por qué existes?”. Porque los hombres lo quisieron. Hace ya mucho tiempo, los Artistas me crearon en sus cabezas. Me imaginaron bella, romántica, amiga, amante, amada… Me llenaron de virtudes. Me hicieron regalos. Podía volar, nadar, correr como el viento… Hasta que un día nací, entre el mar y el cielo. Mi creador era un Artista: un Pintor, un Poeta y un Escultor. Me pintó, me dio forma y me llenó de virtudes, tal como me habían imaginado desde siempre. Pero tenía algo que no pudieron imaginar los hombres: voluntad. Soy libre, libre de volar a cualquier sitio, de nadar en cualquier mar. Pero no soy de carne y hueso, por eso no podré influir jamás en las cosas terrenales, pero sí en las mentes creativas de los hombres, en su imaginación. Mira. Estas son copias, los originales están con sus dueños”, se paró y de un bolsillo del abrigo cogió unos papeles doblados. Los desdobló y se los enseñó. Eran dibujos, poesías, cuentos cortos y otros escritos. “Todos hablan de mí. Y los dibujos son retratos míos”. Los dibujos eran retratos de mujeres, aunque bellas, distintas a Edenia. Y las poesías y los cuentos hablaban de una mujer parecida a Edenia, pero con otros nombres: Nudia, Aladia, Hada Azul, Rosa… “Tú no eres ninguna de éstas mujeres”, dijo el Poeta. “Sí lo soy, aunque no con esta apariencia y este nombre. Como ya te dije, no tengo cuerpo, y por eso no tengo nombre”. Edenia le miró a los ojos y con una sonrisa le dijo: “¿Querrás hacerme una poesía?”. El Poeta sonrió y asintió con la cabeza.

Habían llegado al parque donde se habían visto por primera vez. El Poeta cogió un papel y escribió. Cuando terminó y firmó volvió la cabeza a donde estaba ella. Ya no estaba. Había desaparecido.

Aquella noche escribió:

“Hoy una niña me hablaba
Con cuerpo de mujer.
Una mujer con cara de niña
Y unos ojos de sabia anciana.
Hoy una gema encontré
Y me la guardé en el pensamiento
Para que mañana brille
Con más intensidad,
Con otra luz,
Con otro entendimiento”

Por la mañana se despertó sin preocupaciones, y cuando pensó en Edenia y en todo lo que le había hablado, dudó si realmente la había imaginado. Y al leer la poesía que le había dedicado no tuvo ninguna duda. No había existido aquella imaginaria mujer. Y decidió buscar una de carne y hueso.

Edenia volaba sobre la Gran Ciudad, otra vez diminuta, vestida de brisas. Mientras, leía la poesía de su amigo el Poeta:

“Edenia es la brisa
Que entra por mi ventana,
Sale por la puerta
Y deja un aroma
De fresca mañana.
Edenia es la niña de ojos claros
Que entra por mi puerta
Y sale volando por la ventana”
fáv
(diciembre de 1996)

El cubo de Velayos - Velayos’ cube

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A este rompecabezas le he puesto mi nombre. He buscado y he preguntado por todos los sitios y no parece haber sido inventado anteriormente… aunque nunca se sabe. Por lo menos a mí se me ocurrió en el año 1989 (un buen año)

De esto saben compañeros de colegio, de universidad, amigos, primos, etc. que les di mucho “la vara” con este jueguecito.

Se trata de recortar un cuadrado, doblarlo para formar un cuadrado de 4×4 cuadraditos y quitarle los 4 centrales.

Como se ve en este dibujo.

Objetivo: Hacer un cubo, tan solo doblando por las líneas permitidas (punteadas)

Te aconsejo utilizar un papel de 80gr, DIN A-5

Este es un vídeo de cómo se “fabrica” Es fácil. Lo difícil es hacer el cubo, al principio.

Las soluciones, como siempre, en soluciones.

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