A mi abuela Nico (12/octubre/1912 – 30/noviembre/2008) le gustaba decir “yo tengo seis nietos como seis soles”, y es que tenía alma de poetisa. Pues nosotros teníamos una abuela que era un sol. Siempre estaba de buen humor y se reía todo el día, así de joven se mantuvo hasta sus recién cumplidos 96 años. Si nos reíamos ella se reía, si ella se reía, nosotros también. Recuerdo que saltaba a la comba y tocaba el suelo con las manos, sin flexionar las rodillas. Le gustaba decir que era la Súper-abuela.

Las cigalas en el agua

El que nada no se ahoga

Una, dos y tres, Juana, María y Miguel


Hablaba del revés (invertía las palabras sílaba por sílaba) y cantaba “el patio de mi casa” del revés (del “vesré”)

 

El otipa de mi saca es larcutipar, doancu veellu se jamo moco los masdé

 

Dejo una poesía suya, que recitaba, que es, en mi opinión, la más bella de todas:

 

Quieto, clavado en la cumbre,

Al abrigo de la lumbre

Que le presta su calor,

Como un pináculo aguja,

Sobre el cielo se dibuja

La silueta del pastor.

Está desnutrido, es viejo,

Dos chispas, un entrecejo,

Dos cepillos y un ojal,

Tres pinchos y una mampara

Son los rasgos de su cara,

Cubierta por un breñal.

Sobre este rostro de hueso

Pone siempre el primer beso

La primera luz del día.

Otro postrero le ofrece

Cuando su brillo decrece

Ante la noche sombría.

Ya sin sol, año tras año,

Se esconde con su rebaño

En la choza del redil.

Allí cumple su condena

Sin conversación, sin cena,

Sin camastro y sin candil.

Vida triste, vida dura

Es la vida del pastor.

Pero quien goza y delira,

¿No encuentra como mentira

Los delirios de su goce?

Y quien piensa ser amado,

¿No vive con el cuidado

De un dolor que le destroce?

Y quien lucha y ambiciona,

¿No encuentra como corona

El escarnio de la suerte?

Vale más vivir la vida

Solitaria y escondida,

Sin ternura y sin afán,

Alimentando en la cumbre

Un amor sólo, la lumbre,

Y sólo un amigo, el pan.

Vida triste, vida dura

Es la vida del pastor

Y por eso es la mejor.